La Jaula Corporativa: cómo construimos nuestras propias prisiones
- Claudia Salas Bozich

- 21 feb
- 6 min de lectura
Actualizado: 23 feb

Hace unos años trabajé en una multinacional.
Me recuerdo perfectamente vislumbrando la ciudad de Caracas, desde la ventana de una oficina espectacular. Era un sueño hecho realidad: un buen pago, un ambiente increíble, un propósito compartido.... Pero, cuando miraba por esa ventana, yo sentía un nudo muy sutil en el estómago. Me venía a la mente (y al cuerpo) una inquietud silenciosa. Y es que empecé a ver la ventana como un barrote.
Recuerdo pensar en que muchos otros también tenían ventanas y por ende también hacían vida corporativa dentro de sus jaulas. La mía, muy grande y cómoda por cierto. Cada jaula a su estilo. Pero todos, de alguna, manera atrapados.
Y con ello recuerdo también pensar :"estoy en una jaula... una jaula de oro y muy grande. Y yo misma de cierta manera estoy contribuyendo a construirla".
Fue gracias a la consciencia sociológica que pude darme cuenta de ese momento, y aún recordarlo como un punto de inflexión en mi vida.
¿Te ha pasado que te sientes en una jaula? Hablemos de ello.
Peter Berger y la jaula de hierro
En 1963, el sociólogo Peter Berger tomó el concepto de Max Weber sobre la "jaula de hierro" (iron cage) y lo aplicó a cómo las personas construímos nuestras propias realidades sociales y nos quedamos atrapados en ellas.
La idea es brutal en su simplicidad:
Creamos estructuras para dar orden a nuestra vida. Luego, esas estructuras nos controlan.
Primero, inventamos algunas reglas para que todo funcione mejor. Después, olvidamos que nosotros inventamos esas reglas. ¡Y terminamos siendo prisioneros de algo que nosotros mismos creamos!
Por un lado, es necesario porque nuestro cerebro necesita rutinas; es parte de nuestra naturaleza humana. Lo curioso es que, literalmente, nos olvidamos de que fuimos los propios creadores de nuestro barrotes.
Esto se vincula con lo que Berger llamó reificación: cuando tratamos nuestras propias creaciones como si fueran leyes naturales inamovibles (puedes leer más aquí).
Lo curioso es que somos parte de corporaciones que se rigen por formas de trabajo que ya fueron establecidas en algún momento. Lo decidieron en un pasado. Probablemente hace años. Probablemente personas que ya ni siquiera trabajan ahí. Alguien, en algún momento. Y en la actualidad seguimos actuando bajo esos hilos invisibles.
Algunas jaulas que construimos
Observa tu empresa. La metáfora de los barrotes representa elementos culturales que hemos creado y dan estructura.
La jaula del horario
"Trabajo de 9 a 6." Pero... ¿por qué? ¿Quién decidió este horario? ¿Tiene sentido para tu trabajo?
No importa. Es la regla. Y aunque tu trabajo se pudiera hacer en 4 horas concentradas o a las 11 de la noche cuando eres más productivo, tienes que estar ahí. En tu silla.
Porque alguien, en algún momento, decidió que eso era "profesional" o "como tiene que ser".
La jaula jerárquica
Un clásico: "no puedes hablar directamente con el VP. Tienes que escalar por tu manager, que escala por su director, que agenda la reunión con el VP."
Pero...¿por qué?¿de dónde ha salido esto? Porque hace años alguien decidió que así debía funcionar la empresa.
La jaula del desempeño
Te evalúan el desempeño con una escala y te categorizan de "pool de talento" (o "necesita mejorar"). Con el horror que este ejercicio hecho anualmente influye en tu compensación, carrera e incluso si te quedas o no. Pero ¿quién inventó esto? ¿quién decidió hacer esto así?
Y muy interesante ¿quiénes sostienen todo esto?
Ya sabes, no hay que adivinar mucho: nosotros mismos. En interacciones cotidianas.
Hay más barrotes: las políticas, las reglas, los procesos...
¿Cómo funciona la jaula?
Berger explicó el proceso en tres pasos:
1. Externalización
Creamos algo, sea una regla, proceso o estructura.
"Hagamos una reunión semanal para coordinar."
Tiene sentido. Es útil en ese momento.
2. Objetivación
La regla se convierte en una "realidad objetiva."
Ya no es "decidimos hacer reunión semanal." Es "tenemos reunión semanal."
La regla existe fuera de nosotros. Como un objeto.
3. Internalización
Olvidamos que nosotros la creamos.
La tratamos como ley natural. Como algo que "es así." Cuestionarla se siente irracional, demanda energía. Nuestro cerebro ya lo integró y lo volvió automatismo.
Y así quedamos atrapados en nuestra propia creación.
¿Lo peor? No es que construimos jaulas: lo peor es que las defendemos, muchas veces sin ser conscientes de ello. Y es que las jaulas se pueden volver parte de nuestra identidad; por lo que cuestionarla se siente como cuestionarnos a nosotros mismos.
Señales de que estás en una jaula
¿Cómo sabes si estás atrapado?
Busca estas frases en tu organización:
"Siempre ha sido así."
Traducción: No sabemos por qué, pero nos da miedo cambiar.
"Es política de la empresa."
Traducción: Alguien decidió esto hace años y nadie lo ha cambiado.
"No es negociable."
Traducción: Es totalmente negociable, pero preferiríamos no pensar en ello.
"Es que este negocio es diferente."
Traducción: Nos gusta sentirnos especiales en nuestra jaula.
¿Por qué las jaulas corporativas son resistentes?
Piénsalo. Las jaulas no se mantienen por la fuerza; se mantienen por el consenso.
Todos sabemos que la jaula está ahí. Pero puede haber muchas razones para no mencionarla como:
Miedo al caos
"Si quitamos esta regla, ¿qué más se cae?"
Preferimos la jaula conocida al caos desconocido.
Aunque la jaula sea pequeña y fea.
Identidad organizacional
"Somos una empresa que hace X"
La jaula se convierte en "quiénes somos." Cambiarla se puede sentir como perder identidad.
Poder y control
A veces, algunas personas se benefician de la jaula.
Los que diseñaron las reglas. Los que las administran. Los que se han vuelto expertos en navegar el sistema. Cambiar la jaula sería una amenaza para su posición.
Inercia
Cambiar requiere que TODOS cambiemos.
Y es más fácil quedarnos donde estamos.
¿Cómo salir de la jaula?
Haz visible lo invisible
Identifica las reglas no escritas. Nómbralas en voz alta.
"Tenemos una regla de que nadie puede irse antes que el jefe.""Tenemos una regla de que todas las decisiones necesitan consenso."
Hacerlas explícitas ya es bastante revolucionario.
Pregunta ¿por qué?
Tal como un niño de 5 años. "¿Por qué hacemos esto así?" "Porque es política." "¿Por qué es política?" "Porque siempre lo ha sido." "¿Por qué siempre lo ha sido?" "Porque... buena pregunta." Esto de forma sofisticada podemos llamarlo los 5 Por Qués
Pequeños actos de desobediencia
No necesitas derribar toda la jaula de una vez. Empieza pequeño:
Cancela una reunión inútil.
Cuestiona un proceso absurdo.
Haz algo "diferente" y observa si el cielo se cae (verás que... no se cae).
Crea permiso colectivo
La jaula es colectiva. La salida también. ¿Alguien más siente que esta regla no tiene sentido?
Cuando una persona dice "yo también," la jaula empieza a agrietarse.
Reemplaza, no va de destruir
No solo elimines la regla vieja: crea algo nuevo (y mejor).
La jaula debe renovarse.
Un llamado a la libertad
¿Sabes lo más curioso de todo?
Las jaulas fueron creadas para darnos libertad. Lo sé... cuesta digerirlo. Suena muy paradójico.
Pero si lo pensamos, las reglas, procesos y estructuras existen para que no tengamos que reinventar todo cada día. Para que no tengamos que negociar cada decisión desde cero y para darnos estabilidad. ¡La vida sería muy caótica y drenante!
El problema es que la mayor parte del tiempo olvidamos que nuestras jaulas sociales y corporativas son herramientas. No verdades. Son reales. Pero no inmutables. Y si lo pensamos bien, son construcciones humanas, y lo que hacemos los humanos lo podemos cambiar.
¿Otro problema? no podemos vivir fuera de jaulas.... Nuestra esencia humana necesita estructuras para vivir y darle sentido a la vida. Además, creo firmamente que las corporaciones son necesarias para como seres humanos organizarnos y hacer cosas increíbles.
¿Y otro problema? olvidamos que los barrotes son más amplios de lo que creemos. A diferencia de los barrotes reales donde estás encerrado, en este caso, ¡puedes perfectamente salir! Me recuerda un poco a las cercas de las casas americanas: delimitan el perímetro pero puedes saltarlas con poco esfuerzo.
Y por eso la verdadera libertad no es vivir sin jaula: como humanos creamos nuestras propias prisiones. La verdadera libertad es estar despiertos y darnos cuenta de ello. De elegir nuestra jaula: tal vez mudarnos a una más amplia, limpia y luminosa. Y saber que los barrotes no siempre son de hierro: los hay de algodón, tela y otras variedades.
¿En qué jaulas vive tu organización? ¿Estás listo para nombrarlas?
Y sobre todo: ¿estás listo para elegir una jaula más amplia, más luminosa, donde realmente quieras estar?
Si necesitas ayuda identificando los barrotes invisibles de tu cultura organizacional, hablemos.
Claudia Salas Bozich



